Círculos relacionales

Imagina que cada persona en una relación tiene su propio círculo. Este círculo representa su identidad personal. La otra persona también tiene su propio círculo, con todo lo que le define y le hace ser quien es.

En una relación sana, los círculos se superponen parcialmente. Esa intersección representa lo que se comparte en pareja, pero cada uno mantiene su propio espacio individual, “Yo sigo siendo yo, y tú sigues siendo tú”. Este equilibrio permite respirar dentro del vínculo, porque hay momentos de unión y momentos de autonomía. Se pueden tener diferencias sin que eso signifique una amenaza para la relación.

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Cuando los dos círculos se solapan simbolizan el mito de la media naranja, la idea de que necesitamos a otra persona para sentirnos completos. Cada persona deja de tener su propio espacio, sus rutinas, amistades o intereses personales. Todo gira en torno a la pareja y al vínculo. Posibles consecuencias de esto serían: dificultad para tomar decisiones de manera independiente, sensación de asfixia, presión o pérdida de identidad, necesidad constante de aprobación o de saber qué hace el otro, miedo a la distancia o a estar a solas, hipervigilancia de amenazas percibidas, límites unilaterales o rígidos,…

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Un círculo más pequeño y dentro del otro representa una relación desequilibrada o con dinámicas de dependencia y poder.

  • El círculo pequeño (ya sea el yo o el tú) se adapta al grande y representa a la persona que se amolda a la vida del otro: asume sus gustos, horarios, amistades, valores o incluso su forma de pensar. Va dejando de lado su propio espacio personal para encajar en el del otro.
  • El círculo grande (ya sea el tú o el yo) absorbe al pequeño y representa a la persona que impone su mundo y sus normas. Es quien espera que el otro se adapte, que cambie su manera de ser o que deje a un lado sus propias necesidades.
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Por último, si los círculos no llegan a tocarse, no hay relación real. Puede deberse a una ruptura mutua amigable o decidida por una de las partes unilateralmente, a consecuencia de, por ejemplo, alguno de los modelos anteriores menos saludables. Si la pareja sigue junta cada uno vive en su propio mundo, sin espacio compartido, serían pareja solo de nombre.

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